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Quincha moderna: lana de oveja y álamo para una vivienda en Calingasta
El proyecto de la Facultad de Arquitectura integra diseño bioclimático y técnicas ancestrales para crear un modelo de habitabilidad sostenible, económico y antisísmico.
En el corazón de Barreal, en Calingasta, la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad Nacional de San Juan está liderando una transformación en el concepto de hábitat regional. Se trata de la construcción de una vivienda comunitaria sostenible que no solo rescata la técnica ancestral de la quincha, sino que la proyecta al futuro mediante el uso de materiales locales como la madera de álamo y la lana de oveja residual como aislante térmico. Este proyecto, coordinado por el arquitecto e investigador Federico Videla Picón y la arquitecta Vanessa Torres Atencio, representa un hito para la provincia al ser el primer sistema de este tipo aprobado por la Dirección de Planeamiento bajo estándares modernos de seguridad y eficiencia.
El prototipo se basa en una "quincha mejorada", una estructura de madera que utiliza álamo gris o criollo del valle precordillerano, evitando el impacto ambiental y económico del transporte de madera desde otras latitudes, y la lana de oveja como aislante térmico para el techo.
"Lograr la aprobación de Planeamiento fue muy importante porque nos habilita a desarrollar el proyecto con todas las habilitaciones correspondientes", explicó Videla a DIARIO HUARPE, destacando que el diseño cumple con la normativa sismo-resistencia debido a la flexibilidad y ligereza de sus componentes.
Según explicó Videla la base estructural de la vivienda combina hormigón y piedra, mientras que los muros se completan con paja y el techo incorpora la lana de oveja como pieza clave de la aislación.
Un refugio para la emergencia comunitaria
Originalmente concebido como una vivienda unifamiliar, en el 2024 el proyecto evolucionó por solicitud del intendente de Calingasta, Sebastián Carbajal. "Al proyecto lo presentamos en el municipio de Calingasta en el 2023, pero con el cambio de gestión quedó congelado unos meses, hasta que pudimos avanzar con el nuevo intendente", contó Videla. Fue así que la propuesta se amplió al doble de sus dimensiones originales para convertirse de una vivienda unifamiliar a una vivienda comunitaria, destinada a alojar familias en situaciones de emergencia, como inundaciones o incendios. Este cambio de escala refuerza el valor social de la investigación académica, transformando un experimento técnico en una solución habitacional concreta para el municipio.
Desde la perspectiva económica, Videla estima que este sistema constructivo reduce los costos en más del 30 por ciento respecto a la construcción tradicional. Además de ser más económica, la obra es significativamente más rápida de ejecutar.
Sismo-resistencia y diseño bioclimático
A pesar de basarse en técnicas antiguas, el prototipo es una pieza de ingeniería moderna. El diseño bioclimático considera específicamente el asoleamiento y los vientos predominantes de Calingasta para minimizar el consumo energético. La estructura ha sido verificada bajo normas de seguridad sísmica, aprovechando la capacidad de la madera para absorber movimientos sin colapsar, algo vital en una zona de alta sismicidad como San Juan.
"Los materiales naturales pueden volver a su ciclo de vida sin contaminar", señaló Torres Atencio, subrayando que cada componente del sistema —desde la lana, hasta la madera y las pasturas de los muros— está pensado para un modelo de habitabilidad respetuoso con el medio ambiente.
Así, la FAUD no solo construirá una vivienda en Calingasta, sembrará una semilla de innovación sustentable que honra las raíces de San Juan.
Economía circular y materiales nobles
Uno de los aspectos más revolucionarios del proyecto es el uso de la lana de oveja. Actualmente, gran parte de la lana producida en la región no es apta para la industria textil y termina siendo quemada o enterrada. La investigación de la FAUD propone reinsertar este material en la cadena productiva como un aislante térmico de alta eficiencia que supera a opciones industriales como la lana de vidrio. "Es un material que no genera productos contaminantes y trabaja muy bien en la aislación del paquete constructivo", detalló Torres Atencio.
La elección del álamo local también responde a una lógica de sostenibilidad. Calingasta ha sido históricamente un polo de producción de álamo, pero su uso se ha limitado mayormente a tablas para cajones o encofrados. Este proyecto reivindica su valor como material estructural, devolviéndole el protagonismo en la arquitectura regional y dinamizando la economía de los aserraderos locales.
El saber ancestral en el laboratorio
La iniciativa no se queda en los planos; incluye una etapa crucial de capacitación comunitaria que una vez cerrada la primera continuará en el territorio.
Los investigadores contaron que trabajan en conjunto con el INTA para mapear a los productores de lana y madera, integrando el conocimiento técnico universitario con la experiencia práctica de los habitantes de Calingasta. Según Videla, la clave del éxito es que la comunidad "se apropie" de la técnica: "La gente de Calingasta es sumamente cuidadosa con sus costumbres; si el sistema utiliza materiales propios del lugar, lo adoptan con mucho interés".
Este diálogo entre la academia y el territorio permitirá que los investigadores aprendan de los usos tradicionales que los pobladores ya le dan a la lana, mientras aportan el marco técnico profesional para optimizar esos recursos.