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Salud y Bienestar > Desarrollo cotidiano

Autonomía infantil: claves para fomentar la independencia gradual

La licenciada Eugenia Jimenez explicó cómo promover habilidades cotidianas que fortalecen la confianza y el desarrollo infantil.

Por Brenda Uñate
Hace 8 horas

La autonomía infantil se construye con oportunidades diarias, acompañamiento y tiempos adecuados para aprender.

La autonomía infantil no aparece de un día para otro. Se construye a través de pequeñas experiencias cotidianas que permiten a los niños participar activamente en las actividades de la vida diaria, ganar confianza y desarrollar habilidades que serán fundamentales durante su crecimiento. Ese fue el eje de la entrevista realizada a la licenciada en Terapia Ocupacional Eugenia Jiménez en Salud & Bienestar, el programa que se emite por HUARPE TV, señal 19.2 de TDA, Kick y YouTube.

La especialista explicó que la autonomía no debe entenderse como la obligación de que un niño haga todo solo, sino como la posibilidad de participar de manera progresiva en distintas tareas según su edad, desarrollo y contexto familiar.

“Cuando hablamos de autonomía infantil hacemos referencia a esta capacidad progresiva de un niño de poder participar en rutinas diarias, siempre dejando un poco de depender del adulto”, señaló Jiménez.

Según explicó, actividades tan simples como guardar juguetes, elegir una prenda de vestir o colaborar en la preparación de la mochila escolar representan oportunidades valiosas para fortalecer esta capacidad.

Aprender participando

Uno de los conceptos que destacó la profesional es la diferencia entre autonomía e independencia. Mientras la autonomía implica participar y tomar decisiones, la independencia se relaciona con la capacidad de realizar una tarea por sí mismo.

Por ejemplo, cuando un niño elige entre una remera roja o una azul está ejercitando su autonomía. Si luego logra colocársela solo, comienza a desarrollar independencia.

La especialista remarcó que estas habilidades pueden estimularse desde edades tempranas. Entre los dos y cuatro años, los niños pueden colaborar guardando juguetes, llevando ropa al canasto o lavándose las manos con ayuda. Entre los cinco y ocho años ya pueden poner la mesa, preparar materiales escolares o cepillarse los dientes con apoyo visual. Más adelante, pueden organizar su mochila, elegir su ropa según el clima o preparar meriendas sencillas.

“Es importante brindar oportunidades para hacerlo. Desde un pequeñito que tiene dos años, el hecho de que pueda ir guardando los juguetes en una caja ya son gestos de autonomía”, explicó.

El rol de los adultos

Uno de los desafíos más frecuentes para las familias es encontrar el equilibrio entre ayudar y permitir que los niños intenten hacer las cosas por sí mismos. La falta de tiempo suele llevar a que los adultos resuelvan rápidamente situaciones que podrían transformarse en instancias de aprendizaje.

Jiménez planteó que frente a una tarea cotidiana existen distintas formas de intervenir. Una es hacer todo por el niño. Otra, exigirle que lo haga sin ayuda. La tercera, y más beneficiosa, consiste en acompañar el proceso ofreciendo apoyos ajustados a sus posibilidades.

“Yo te engancho la campera, pero vos subís el cierre”, ejemplificó la terapeuta ocupacional al describir una forma de participación guiada.

Además, destacó la importancia de valorar el esfuerzo más allá del resultado final. “Intentaste servirte la leche y se te cayó la mitad, pero lo intentaste. Lo corregimos, limpiamos, pero bien porque lo intentaste”, comentó.

La confianza también cumple un papel central. Los niños necesitan espacios seguros donde equivocarse no genere miedo ni frustración excesiva. Anticipar las actividades, dividirlas en pequeños pasos, ofrecer pocas opciones para elegir y utilizar apoyos visuales son estrategias que facilitan el aprendizaje.

Cuándo consultar a un profesional

La especialista indicó que puede ser recomendable buscar orientación cuando las dificultades para participar en actividades cotidianas comienzan a interferir en la rutina familiar, escolar o social del niño.

Sin embargo, aclaró que una consulta no necesariamente implica la búsqueda de un diagnóstico. En muchos casos, el objetivo es acompañar a las familias, identificar obstáculos y diseñar estrategias que favorezcan el desarrollo de habilidades.

“Muchas veces simplemente necesitamos unas sesiones para orientar a la familia y buscar estrategias juntos que favorezcan ese desarrollo de la autonomía”, explicó.

Con paciencia, acompañamiento y oportunidades adecuadas, cada pequeño logro cotidiano puede transformarse en una herramienta poderosa para fortalecer la seguridad, la confianza y la capacidad de los niños para desenvolverse en su vida diaria.

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