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Violencia de género: un psicólogo explicó el círculo de la violencia
El psicólogo Raúl Ontiveros explicó cómo se construye el ciclo de la violencia de género y por qué resulta tan difícil romper ese vínculo.
Por Giuliana Díaz
El femicidio de Gemma Álvarez volvió a poner en debate una de las preguntas más frecuentes cuando ocurre un caso de violencia de género: ¿por qué muchas mujeres no logran salir de una relación violenta? Tras 12 años junto a su expareja, Gemma había decidido terminar el vínculo. Sin embargo, según relató su madre, Griselda Álvarez, durante años vivió en un contexto de violencia, hostigamiento y amenazas. Para comprender por qué romper ese ciclo resulta tan complejo, el psicólogo Raúl Ontiveros explicó cómo funciona el denominado "círculo de la violencia" y qué mecanismos generan dependencia emocional.
Durante la entrevista en el programa Yo Te Invito, uno de los ejes centrales de la charla fue la identificación de las llamadas "red flags", es decir, aquellas conductas que pueden anticipar una relación violenta. Ontiveros explicó que el control constante, los celos excesivos y la necesidad de saber dónde está la otra persona o con quién habla no son demostraciones de amor, sino claras señales de alarma. Además, sostuvo que la violencia puede prevenirse desde edades tempranas mediante la educación emocional y el aprendizaje de vínculos saludables.
"Si hay control, no es amor; es posesión", afirmó el psicólogo. Además, remarcó que cuando estas conductas aparecen, lo más importante es reconocerlas a tiempo y tomar distancia antes de que la violencia escale.
El círculo que atrapa a las víctimas
Ontiveros explicó que las relaciones violentas suelen repetirse siguiendo un mismo patrón. En una primera etapa aparece la denominada "luna de miel", en la que el agresor se muestra atento, afectuoso y lleno de gestos románticos, generando un fuerte vínculo emocional.
Luego llega una fase de tensión. Aunque todavía no existan agresiones físicas, la víctima comienza a sentir que cualquier acción puede desencadenar un conflicto. Cambiarse el peinado, salir con amistades o tomar decisiones personales empieza a generar discusiones, reproches y controles constantes.
La tercera etapa es la explosión, cuando aparecen los insultos, los empujones, los golpes o cualquier otra forma de violencia. Sin embargo, el ciclo no termina allí. Después llega el arrepentimiento, las promesas de cambio, los regalos y las disculpas.
"Después de la reconciliación vuelve la luna de miel y el ciclo empieza otra vez", explicó el especialista. Además, advirtió que, con el paso del tiempo, los episodios violentos suelen ser cada vez más frecuentes e intensos.
¿Por qué es tan difícil salir?
Para Ontiveros, el principal obstáculo es que este tipo de relaciones genera una dependencia emocional comparable a una adicción. La víctima suele aferrarse a los momentos de calma y afecto que aparecen después de cada episodio de violencia, con la esperanza de que el agresor cambie definitivamente.
El psicólogo explicó que, en muchos casos, el agresor aprovecha carencias afectivas previas para fortalecer esa dependencia, aislar a la víctima de su entorno y hacerle creer que no podrá salir adelante sin él. Ese proceso, sumado al miedo, las amenazas y la manipulación, hace que romper el vínculo resulte cada vez más complejo.
Por eso insistió en que el acompañamiento de la familia, el tratamiento psicológico y el llamado "contacto cero" son herramientas fundamentales para cortar la relación cuando existe violencia.
Finalmente, dejó un mensaje dirigido tanto a las víctimas como a quienes las acompañan: "La violencia no mejora con el tiempo. Esperar que cambie solo hace que el riesgo sea cada vez mayor".