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Comunidad Fuego, una década brindando contención a personas con adicción
A través de talleres, acompañamiento y una red de apoyo, la Comunidad Fuego cumple 10 años ayudando a personas con consumos problemáticos y a sus familias en San Juan.
Por Giuliana Díaz
Lo que comenzó como una respuesta a una problemática cada vez más visible se convirtió en un espacio de referencia para personas y familias que buscan ayuda frente a los consumos problemáticos. Cada día, quienes llegan a Comunidad Fuego encuentran algo más que un tratamiento: una red de contención integrada por voluntarios, familias, compañeros de camino y la fe que sostiene este proyecto sanjuanino desde hace una década.
Este año, la institución celebra sus primeros 10 años de trabajo en un contexto marcado por el crecimiento de la demanda. Según explicó el padre Rodrigo Robles, las consultas aumentaron de manera sostenida desde los inicios de la comunidad. "Al principio teníamos algunas entrevistas de admisión por semana; hoy por semana tenemos 20 entrevistas de personas y familias que vienen pidiendo ayuda", señaló a DIARIO HUARPE. Actualmente, hay más de 30 personas en tratamiento en las distintas etapas de contención, en su mayoría jóvenes de alrededor de 20 años.
Comunidad Fuego funciona como un servicio gratuito de la Pastoral de Adicciones Arquidiocesana y depende del Arzobispado de San Juan de Cuyo. Su tarea va más allá del abordaje del consumo: busca reconstruir vínculos, promover hábitos saludables y brindar herramientas para enfrentar una problemática compleja atravesada por múltiples factores.
Según explicó Robles, quienes ingresan al programa participan de talleres, espacios de reflexión, encuentros grupales, actividades recreativas, entrenamiento físico y distintas propuestas orientadas a fortalecer su recuperación. El objetivo es acompañar a cada persona en la construcción de nuevas rutinas y proyectos de vida.
La institución trabaja con dos modalidades tanto en su sede en Trinidad como en el Centro Francisco, a través de un convenio con la Municipalidad de Rawson. Por un lado, los dispositivos ambulatorios, donde las personas asisten algunas horas y determinados días de la semana para participar de actividades y continuar con su tratamiento. Por otro, las casas de contención, destinadas a quienes requieren acompañamiento permanente porque no cuentan con una red familiar que pueda sostener el proceso o porque su entorno no dispone de las herramientas necesarias para hacerlo.
La mirada de la comunidad también alcanza a quienes conviven con la problemática. Lejos de enfocarse únicamente en la persona que atraviesa la adicción, el trabajo incluye a padres, madres, hermanos y otros familiares que muchas veces enfrentan la situación sin saber cómo actuar. Para Robles, la recuperación difícilmente pueda sostenerse en soledad. Por ese motivo, el acompañamiento familiar ocupa un lugar central. Escuchar, orientar y brindar herramientas a quienes conviven con esta realidad forma parte del abordaje que impulsa la institución.
En cuanto a su identidad, el padre contó que la palabra "comunidad" no fue elegida al azar. Para ellos representa la convicción de que nadie puede salir adelante solo. El nombre se completa con una sigla que resume el espíritu del espacio: Fuerza, Esperanza y Gozo. "Quienes vivimos en comunidad nos necesitamos. Podemos brindar algo al otro y el otro puede brindarnos algo a nosotros", resumió el sacerdote.
Aunque nació en el ámbito de la Iglesia Católica, la propuesta está abierta a todas las personas, independientemente de sus creencias. Por sus instalaciones han pasado católicos, evangélicos, agnósticos y personas sin práctica religiosa, todos acompañados bajo el mismo criterio.
Durante una década, cientos de historias atravesaron sus puertas. Algunas comenzaron con la desesperación de una familia que no sabía qué hacer. Otras, con una persona que decidió pedir ayuda después de años de consumo. Ninguna fue sencilla. Sin embargo, la experiencia acumulada en este tiempo les permitió sostener una certeza: la recuperación es posible. "Muchas veces se piensa que ya no se recuperan más. Nosotros vemos cada mes cómo se dan las altas y cómo los chicos avanzan en sus procesos. De esto sí se puede salir", afirmó Robles.
Con ese mensaje, Comunidad Fuego llegará al próximo 26 de junio, Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. Junto a otras instituciones de San Juan realizará actividades de concientización y visibilización para recordar que las adicciones continúan siendo una problemática creciente, pero también para mostrar que existen espacios donde pedir ayuda es posible y donde nadie tiene que atravesar ese camino en soledad.
Dónde pedir ayuda
Para quienes necesiten ayuda o acompañamiento frente a consumos problemáticos, Comunidad Fuego brinda atención gratuita a través de su número de contacto: 2644111975, su sede en avenida Rioja 1995 sur (esquina Larraín) en Trinidad, Capital, y sus redes sociales: Instagram/@comunidadfuego o Facebook/Comunidad FU.E.GO San Juan