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El impacto de "Trabajando Sueños" en las vidas de las personas con discapacidad
Cuatro sanjuaninos cuentan la experiencia y cómo el proceso de inserción y vinculación laboral, transformó sus vidas.
Por Raúl Caliva 30 de junio de 2026
Conseguir y mantener un puesto de trabajo, formal o estable, es un desafío para las personas con discapacidad. Ante un sistema laboral que se muestra cada vez más excluyente con los sectores vulnerables de la población, en la provincia, no todas las puertas están cerradas.
Una llave para abrir las barreras está en el programa “Trabajando Sueños”, es un mecanismo público que nació de la Dirección de Personas con Discapacidad (dependiente del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano), con el propósito de acompañar, capacitar y vincular a quienes busquen acceder al mundo laboral. El espíritu de esta política, es garantizar condiciones dignas de trabajo y que los beneficiarios puedan integrarse en entornos seguros, de respeto y de igualdad.
A través de la articulación público-privada, la iniciativa estatal ofrece un período de adaptación de 6 meses a los inscriptos para desempeñar tareas en puestos de tareas que los empleadores necesiten. Una vez concluida esta etapa de 180 días, está la posibilidad de continuar con la relación laboral. Para ello, la dirección construyó una base de datos de personas -de 18 a 65 años- que poseen el Certificado Único de Discapacidad vigente.
En dicho registro, hay unas 486 personas inscriptas y de allí se obtienen los perfiles con las competencias necesarias para cubrir las vacantes en las empresas, organismos y dependencias gubernamentales. De esta base, 60 fueron seleccionadas para hacer las prestaciones de servicios y en la primera camada, unas 7 personas quedaron contratadas de manera efectiva. Actualmente, son 42 las empresas comprometidas que trabajan de manera articulada con la Dirección de Personas con Discapacidad
Otra de las ventajas que tiene este sistema, es que el Gobierno dispone de un subsidio que aporta con $350.000 por los seis meses de adaptación y que se complementa con la pensión por discapacidad que depende de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), lo cual hace que ambos aportes sean compatibles entre sí.
En el segundo año de implementación de “Trabajando Sueños”, DIARIO HUARPE recogió el testimonio de cuatro sanjuaninos, los primeros acceder a un puesto formal: Valeria Díaz, Marisa Caminos, Carla Araoz y Daniel Molina. Sus historias muestran avances, pero no dejan de afrontar dificultades para sostenerse económicamente.
Cuando hay inclusión, también hay dignidad
Valeria Díaz tiene 47 años y convive con una hipoacusia bilateral progresiva desde los 27. Depende de un audífono para poder escuchar con normalidad. A través del programa comenzó tareas de limpieza y mantenimiento en el Jockey Club San Juan. Cuando terminó el período de seis meses, fue incorporada al plantel de contratados de la entidad.
Tanto desde lo material, como en lo social y hasta personal, para Valeria fue una nueva oportunidad, un antes y un después significativo: “No tenía trabajo desde hace años, cuesta mucho vender cosas en la calle. Ahora siento que mi existencia tiene sentido. Trabajar me da independencia, seguridad y certeza económica. Me siento útil. Vivir con una pensión es imposible, es muy poco lo que se gana, pero no somos descartables. Cuando tenés una discapacidad, perdés la autoestima, te aislás, empezás a deprimirte y después nadie te saca de ese lugar. Hay otros compañeros con discapacidad que terminan quitándose la vida y es muy doloroso quedar así”, afirmó Valeria y concluyó que, en definitiva, “este plan nos dio un empujón necesario y conseguir un trabajo, nos hace sentirnos más completos, recuperando la dignidad”.
Marisa Caminos, de 50 años, también encontró una nueva oportunidad en la vida. Tiene problemas de columna, fue operada cuatro veces, tiene prótesis de cadera, cinco electrodos y un neuroestimulador en una pierna para caminar. Además, padece lupus y fibromialgia. Es mamá de dos hijos y hoy dicta talleres de arte y manualidades en el Geriátrico Querencia.
“Para mí fue una experiencia importante, ni pensé que me iban a llamar y sucedió. Tuve mucha suerte y ahora me siento muy satisfecha por trabajar en la residencia de adultos mayores. Es difícil, pero me llena el alma”, contó Marisa.
Después de una compleja cirugía en la columna, todo fue empeorando para ella en 2018. Hundida en la depresión, creía que, por su edad y los problemas físicos, no podría movilizarse más. Cuando accedió a realizar talleres de artesanías y de bailoterapia, tuvo una lenta rehabilitación, hasta que la convocatoria de “Trabajando Sueños” logró coronar un salto cualitativo de su situación personal en los últimos meses.
“Las autoridades de la residencia y los propios abuelos se sintieron a gusto conmigo y no dejaron que me fuera, no querían perderme así que me contrataron. Ellos me enseñaron a ver qué hay algo nuevo el día de mañana. Me pongo en el lugar de los abuelos que cuido y me gratifica mucho servirles y terminé encariñándome con ellos. Los he adoptado como una segunda familia. Me río con ellos, lloro con ellos, realmente me toca mucho el corazón. Me di cuenta que todos necesitamos ayuda y también podemos ayudar”, relató.
Aunque también, recordó que hay otras mujeres y hombres con discapacidades más complejas que no corren con la misma suerte: “muchos son ignorados, nadie los valora, nadie los escucha y tampoco lo llaman para trabajar. Pasan cosas horribles y son invisibles. Ojalá llegue un día donde nadie tenga que rendir examen para demostrar que no se miente cuando se sufre por una discapacidad y que algún día se nos respete como debe ser”.
A pesar de las limitaciones, no se rinden
Carla Araoz, de 31 años, egresó de la Escuela Fortabat y estudia teatro con el elenco Teytekia. A través del programa se capacitó como moza y en el manejo de máquinas de café. Luego hizo su etapa de adaptación en Square Café Restó, donde recibió el visto bueno para continuar por parte de su empleador.
Sin embargo, decidió renunciar porque la propuesta económica no le era suficiente de acuerdo a lo que ella relató. Hoy no tiene empleo estable, cobra una pensión por discapacidad y los fines de semana vende panificados dulces en el Parque de Mayo.
“Me dolió mucho irme porque me gustaba lo que hacía, pero no me puedo quejar. Quedé muy bien con ellos y me dicen que me extrañan. Ya empecé otro camino. Voy a la escuela de gastronomía y me rebusco vendiendo budines, maicenitas, bizcochuelos y coquitos. Pero la situación no está buena para vender”, expresó.
No obstante, Carla no está arrepentida, sabe que su vocación está más ligada a las artes escénicas. Por lo tanto, continúa realizando sus clases de teatro y ensayando en grupo: “Estoy preparándome con el elenco para hacer una gira en agosto y eso es lo que más me importa”, dijo con esperanza por la elección tomada.
Por último, está la historia de Daniel Ceferino Molina quien completó los seis meses de adaptación en el Supermercado Don Eduardo, junto con Victoria Roel. Ella quedó como repositora, en cambio, Daniel no pudo continuar. Según manifestó, la causa fue por bajas ventas en el comercio, y el propietario tuvo que elegir la continuidad entre uno de los dos.
Además, Daniel tiene un retraso madurativo leve y no terminó la secundaria, una situación que limita sus posibilidades de acceder a un empleo formal en otros rubros. Pese a ello, mantiene la esperanza de ser convocado nuevamente.
“Me fue muy bien, estuve muy cómodo y muy linda experiencia, aprendí muchas cosas porque nunca había trabajado en un supermercado. Como está muy mala la situación, ellos no pudieron seguir pagándome, pero me dijeron que me tendrán en cuenta por si en otro momento me puedan contratar”, dijo Molina.
Si bien, vive con sus padres y percibe la pensión de discapacidad, dispone de un ingreso tan bajo que no le alcanza para cubrir una canasta básica. “Con el ingreso de la pensión, no me alcanza para vivir, hay remedios que hay que seguir comprando, hay que pagar alquiler, los servicios y no puedo seguir así, necesito trabajar, pero nadie me contrata”, contó con casi resignado. “Agradezco que haya tenido esta ayuda que me sirvió y me gustaría volver pronto”, dijo Daniel que no quiere bajar los brazos.
Las historias de Valeria, Marisa, Carla y Daniel, son una pequeña muestra de lo compleja y diversa que es la realidad de las personas con discapacidad, quienes deben lidiar (la mayoría de las veces en soledad) con circunstancias que obligan a recalcular el rumbo, a retroceder o detenerse y girar hacia otra dirección.
Sin embargo, la experiencia de “Trabajando Sueños” demuestra que, cuando existen herramientas reales de contención e integración quizás no solucione las situaciones particulares, pero el empuje anímico y de contención social que ejerce en la vida personal, resulta notable y marca una diferencia.
Este proceso de intermediación del Estado, aunque pueda verse como un paliativo, resulta imprescindible para que las personas con discapacidad dejen de ser invisibles y que ejercer el derecho a una vida digna, siga siendo un partido que vale la pena jugar.
Cómo funciona el sistema
El registro continúa abierto y se puede acceder a través de la web oficial www.discapacidad.gob.ar, donde los interesados pueden inscribirse para futuras convocatorias.