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Provinciales > Día del Panadero

Carmen y Luis, el amor que se amasa cada madrugada con semitas y pan

Desde el barrio Fermín Rodríguez, una historia de amor, trabajo y tradición panadera que nació para compartir y sumar una ayuda económica 

Por Maximiliano Maldonado
Hace 12 horas

Luis y Carmen comparten la pasión por la panadería en el barrio Fermín Rodríguez. FOTO: ALE LÓPEZ / DIARIO HUARPE.

Cuando todavía la noche cubre las calles del barrio Fermín Rodríguez, en la casa de Carmen Espejo y Luis Funes ya empieza a sentirse el olor del pan recién hecho, de las semitas que poco a poco toman forma entre sus manos y de una historia que se construye todos los días con harina, sacrificio y amor.

El pan, uno de los productos de Luis y Carmen. FOTO: ALE LÓPEZ / DIARIO HUARPE.

Una receta que nació del amor y la memoria

Carmen, de 66 años, habló con DIARIO HUARPE y recordó que todo empezó después de jubilarse. Al principio fueron unas tartitas y algunas preparaciones para pasar el tiempo, pero con dedicación aquello fue creciendo. "Llevamos, más o menos, 10 años, un poco más”, dijo.

Carmen aprendió la profesión por su madre. FOTO: ALE LÓPEZ / DIARIO HUARPE.

La idea surgió como una manera de entretenerse, pero también como una forma de sumar un ingreso. “Yo me jubilé y empecé a hacer tartitas para entretenernos y tener una moneda más. Y para una salida económica”, explicó.

En su cocina hay una regla que se mantiene intacta: hacer las cosas siempre de la misma manera. La precisión es parte del secreto. “Me gusta hacerlo todo con medidas de peso. Se pesa la grasa, se pesa la harina, se pesa la levadura, se pesa todo para hacerlo exacto. Todos los días igual”, señaló.

Carmen aprendió la profesión de su legado familia. “Fue de mi madre y también hice un curso de panificación. Ella amasaba, hacía pan para la casa y todo. Acá lo hice como una salida laboral para tener la economía”, recordó con emoción.

La madrugada compartida de una pareja inseparable

La jornada comienza antes del amanecer. “A las 4:30 de la mañana empiezo con el amasijo de la semita y la elaboro toda completa. Después separo todo y hago la masa del pan para hacer lo que se sale a las 10, 11 de la mañana”, relató Carmen.

Ella prepara alrededor de 15 kilos de semitas por día y entre 7 y 10 kilos de pan. Pero detrás de esos números hay algo más profundo: la satisfacción de hacer algo que disfrutan. “Lo hacemos más que nada para entretenernos nosotros”, aseguró.

Luis, del horno a los vecinos

Luis sale con su bicicleta a vender los productos. FOTO: ALE LÓPEZ / DIARIO HUARPE.

Luis, de 70 años, es quien después transforma esa producción en encuentros con los vecinos. Su bicicleta se convirtió en parte del paisaje del barrio y hasta tiene una señal propia para anunciar su llegada. “Yo tengo un silbato también, ves que me lo pego y les toco el silbato así. Ya saben que viene Luis”, contó a DIARIO HUARPE.

Cada mañana sale con entre 160 y 170 semitas y tiene un mapa de ruta marcado. “A la gente le gusta, me hice de una buena clientela, gracias a Dios”, afirmó.

Para Luis, salir en bicicleta cada mañana no representa una obligación, sino una manera de sentirse activo y acompañado. “Por la edad que nosotros tenemos, si nos quedamos quietos, se nos van a entumir los huesos. Esto es un hobby para mí, en el sentido de que es como una gimnasia y también es una monedita que suma a nuestra jubilación”, explicó.

Los valores como clave del emprendimiento

Luis y de fondo el negocio que impulsan con su familia. FOTO: ALE LÓPEZ / DIARIO HUARPE.

La pareja trabaja desde marzo hasta noviembre y luego descansa durante los meses más calurosos. Pero hay algo que no cambia: la responsabilidad con la que realizan cada preparación. “Somos constantes”, dijo Luis. “Yo trabajo el lunes y el sábado, y luego, llueva, no llueva, yo igual salgo a la calle en bicicleta”, agregó.

Una historia que llega con sabor a hogar

Carmen y Luis no hablan de grandes negocios ni de crecer sin límites. Hablan de seguir haciendo lo que disfrutan, de levantarse juntos y de compartir una rutina que los mantiene unidos.

“Cuando a la gente le gusta un producto, le gusta y lo disfruta. Entonces, bueno, yo todos los días, como que si estaríamos trabajando mal, no se haría las 300, 240 semitas que estamos haciendo. Pero como se logra hacer eso, y todos los días, y ya no queda nada”, contó Luis.

En cada semita hay una madrugada de esfuerzo. En cada pan, una historia de vida. Y en cada recorrido de Luis, una muestra de que el amor también puede amasarse lentamente, todos los días, con las mismas manos.

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