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Provinciales > Autocrítica y reflexión

La Iglesia sanjuanina mira con preocupación el retroceso católico argentino

El padre Andrés Riveros dijo que las cifras de la UBA generan “un profundo dolor”, aunque destacó que la permanencia local de la fe popular. 

Por Raúl Caliva
25 de junio de 2026

La Iglesia sanjuanina mira con preocupación el reciente informe estadístico del Barómetro de las Religiones y Creencias en Argentina, elaborado por la Universidad de Buenos Aires. Este indica un notable “retroceso del catolicismo” entre las nuevas generaciones en una tendencia creciente de los últimos años en el país. 

El informe marca que el catolicismo sigue siendo la religión mayoritaria del país, con el 57,7% de adhesión, pero advierte una caída sostenida frente a otros momentos históricos. El dato más fuerte aparece entre los jóvenes de 16 a 29 años: solo el 44,6% se identifica como católico, mientras que el 31% declara no tener filiación religiosa.

Esta fractura sugiere que las nuevas generaciones están configurando un mapa religioso mucho más fragmentado, donde la identidad católica ya no es la matriz única que estructura la vida social. En cuanto a lo territorial, el catolicismo es más fuerte en las provincias (59,4%), mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) actúa como vanguardia del cambio, concentrando la mayor proporción de personas sin religión (26,1%). El informe concluye que se está dando paso a una “espiritualidad más individual y autónoma”.

Sin embargo, aunque en la provincia todavía existe una fuerte adhesión a la fe católica a través de celebraciones populares, peregrinaciones, catequesis y acciones comunitarias, el padre Andrés Riveros, párroco de la Iglesia Catedral San Juan Bautista, reflexionó e hizo una autocrítica sobre este escenario. 

 

 

Reflexión desde el pago chico

Consultado por DIARIO HUARPE, Riveros reconoció que las cifras generan preocupación dentro de la Iglesia. “Lo primero sentí, al ver los números, fue un profundo dolor, porque muestran en términos generales, un alejamiento del hombre de Dios, de su sentido más trascendente y también, de nuestra religión católica, llamada a ser casa y hogar de la humanidad”, expresó.

Riveros sostuvo que el fenómeno no resulta ajeno para la Iglesia, ya que se venía percibiendo en los últimos años. “Esta realidad, la veníamos percibiendo en los últimos años y cuando se reflejan en un dato duro, como un porcentaje, se objetiva un poco más”, afirmó.

Aun así, el sacerdote señaló que esa preocupación también representa un llamado a reforzar la tarea pastoral. “Más allá de este dolor, me encienden deseos a la vez, de trabajar con más fuerza, de redoblar la apuesta evangelizadora de la Iglesia que el Papa Francisco nos está llamando, una Iglesia de puertas abiertas”, afirmó.

También planteó que la Iglesia debe revisar sus modos de llegada a una sociedad atravesada por cambios culturales y por una crisis de confianza hacia las instituciones. “Las sociedades experimentan estas crisis y la Iglesia no puede escapar, así como la institución familia, la escuela, el club, todas estamos en crisis y no están llegando al sentir del pueblo”, dijo.

Una identidad que se mantiene viva

Aunque el Barómetro de la UBA no ofrece datos específicos de San Juan, Riveros consideró que la provincia conserva una identidad religiosa particular. Según explicó, esa adhesión no se expresa únicamente en la asistencia a misa, sino también en distintas prácticas comunitarias.

“A diferencia del barómetro de la UBA, no manejamos cifras locales, pero conversando con otras provincias, lo que sucede en San Juan, es muy particular, porque nuestro pueblo, sigue teniendo valor en la Fe católica”, afirmó. Entre esas expresiones mencionó la Cabalgata de la Fe, las peregrinaciones de los santos, el trabajo de catequesis y las campañas de Cáritas. Para Riveros, esas manifestaciones muestran que, pese al cambio nacional que registra el informe, la fe católica continúa ocupando un lugar importante en la vida comunitaria sanjuanina.

El párroco Andrés Riveros participando en la Cabalgata de la Fe a la Difunta Correa.

También destacó la convivencia con otras expresiones religiosas y espirituales. “Desde nuestra Iglesia, siempre hemos fomentado una mesa de diálogo entre judíos, evangélicos y mormones; aún con los no creyentes. Vivimos en una provincia con muy poca tensión interreligiosa, al contrario, sabemos respetarnos y valorarnos”, indicó.

No obstante, Riveros no ignora la insatisfacción espiritual y la falta de credibilidad de las instituciones religiosas oficiales. Al respecto, opinó que “hay como una ruptura en ese contrato social donde, tal vez por errores y donde la Iglesia siempre ha reconocidos sus pecados, se ve que muchas personas se sienten alejadas por la forma de pensar del ser humano contemporáneo, sobre aquello que le marque un camino y un código”.

Frente a este escenario, Riveros sostuvo que la respuesta de la Iglesia debe pasar por la cercanía, la escucha y la vida comunitaria. “La soledad del hombre actual, necesita de alguien que pueda ponerle un oído para que comprenda sus dolores”, opinó.

Cuando la Fe se dispersa y fragmenta

Es innegable que en este Siglo XXI hay otro tipo de fundamentalismos, que hacen peligrar el tejido social: es el culto al “Dios Dinero” y al “Dios Codicia”. En esto, Riveros dio una respuesta precisa: “Jesús dice que no se puede servir a Dios y al dinero a la vez. Y digo Dinero, como que pareciera que está en una categoría equivalente a Dios, en la cual muchos se arrodillan y anclan su existencia. Viven solo para el consumismo, para el materialismo, para una vida de placeres y de confort, alejados de cualquier visión solidaria y lo único que importa es la acumulación y status”. 

También, al mismo nivel, lo equipara con otro fenómeno todavía vigentes, que es el culto mágico a las pseudociencias o pseudoreligiones: “todo lo que se vende con los famosos videntes, horóscopos, Tarot y otras prácticas por el estilo, siempre promocionan una solución rápida para la vida, pero está todo alejado del camino de Jesús”. 

"La Iglesia, la familia y los clubes están en crisis porque no están llegando al sentir del pueblo", dijo Riveros.

En medio de la desesperación por la búsqueda del dinero fácil y rápido y las consecuencias que generan tales conductas en el plano espiritual, físico y mental, el sacerdote señaló: “Conocemos el alto nivel de suicidio de jóvenes y adolescentes, el consumo alto de sustancias tóxicas que solo venden salvación inmediata. Ante esto, desde la Iglesia, trabajamos en una red de contención para mostrarles que hay otro camino mejor. La Iglesia sigue generando espacios de vida en la experiencia comunitaria. Lo digo porque cada vez viene más gente a las misas y ven aquí que esta red les ayuda a tener una existencia más digna”.

En este sentido, las palabras de Francisco cobran significado concreto: “la cultura del encuentro”, esto es, darle mayor valor y sentido a idea de comunidad. “Exactamente, porque nuestra prioridad pastoral es una Iglesia de la escucha, porque la soledad del hombre actual, necesita de alguien que pueda ponerle un oído para que comprenda sus dolores”, concluyó el religioso.

El Padre Andrés Riveros dejó una fuerte reflexión sobre San Juan, el rol de los cultos evangélicos y el "culto al Dios Dinero".

Qué dice el Barómetro

El Barómetro fue desarrollado por el Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR CBC-UBA). El estudio revela una transformación en las identidades religiosas del país, marcada por el retroceso del catolicismo y el crecimiento de quienes no se reconocen dentro de una religión formal. Se trata de un estudio basado en una encuesta probabilística de alcance nacional, con población residente en Argentina con 16 años o más. El relevamiento se realizó entre febrero y marzo de 2026, utilizando modalidades de recolección de datos tanto telefónicas como presenciales, con un nivel de confianza superior al 95%.

Estadísticas del Barómetro registrados en 2024.

Según el informe, las personas sin filiación religiosa, entre quienes se incluyen quienes declaran no tener religión, agnósticos y ateos, alcanzan el 22,4% y se consolidan como el segundo grupo en magnitud. En tanto, el mundo evangélico aparece como la segunda identidad religiosa organizada, con el 17,4%. El crecimiento de las personas sin religión no implica necesariamente una ausencia de espiritualidad. El fenómeno es definido como una forma de “creer sin pertenecer”, una religiosidad más individual y autónoma.

Respecto del nivel educativo, los sectores con menor educación formal muestran una mayor adhesión a las iglesias evangélicas (22,5%), que suelen funcionar como redes de contención social y comunitaria. En cambio, la población sin filiación religiosa crece en los niveles educativos medio y alto. 

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