Martes 14 de Abril
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Sociedad > Señales de alerta

Maltrato infantil: cómo reconocer que un niño sufre violencia

Una psicóloga sanjuanina habló de maltrato infantil y advirtió sobre señales físicas y emocionales que pueden indicar violencia y remarcó la importancia de intervenir a tiempo.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
La intervención temprana de adultos puede evitar consecuencias graves en casos de violencia infantil.

El caso de Ángel, ocurrido en Comodoro Rivadavia, volvió a poner en foco una problemática que muchas veces permanece invisible: la violencia hacia niños y niñas dentro de sus propios entornos. La psicóloga Mariela Serra, especialista en infancia y adolescencia, visitó el programa Yo Te Invito, (que se emite de lunes a viernes de 16 a 17.30 por HUARPE TV en la TDA 19.2) y explicó cuáles son las señales a las que los adultos deben prestar atención y la necesidad de actuar ante cualquier sospecha.

Primeramente, la profesional definió qué es maltrato: “Es toda aquella conducta por parte de un adulto que daña al chico, rompe su bienestar y pone en riesgo su integridad”, explicó Serra. En ese sentido, remarcó que no se trata únicamente de violencia física: “Cuando uno habla de maltrato, por lo general piensa en golpes, pero también tenemos violencia psicológica, manipulación y negligencia”.

Sobre las formas más invisibles, señaló: “El maltrato psicológico no siempre se ve. Muchas veces aparece en gritos, en descalificaciones o en etiquetas que se repiten”. Y agregó: “Ese ‘no seas tonto’, repetido en el tiempo, empieza a ingresar en la psiquis del niño, y ese niño se termina sintiendo realmente así”.

También advirtió sobre la manipulación emocional en contextos familiares complejos: “Lo vemos mucho en separaciones, donde los chicos terminan aliados con uno u otro progenitor o se transforman en un trofeo. Eso también es violencia”.

En relación a la negligencia, detalló: “Son situaciones donde no se garantizan los cuidados básicos: chicos que quedan solos en la casa o en un auto, o que son expuestos a contenidos que no corresponden a su edad”. Y sumó: “Adultizar la infancia también es una forma de violencia”.

Respecto a las señales de alerta, Serra fue clara: “Siempre hay que escuchar al chico y validar lo que le pasa. A veces lo dicen directamente: ‘no quiero’, ‘me pega’, ‘me siento mal’”. Sin embargo, aclaró que no siempre la manifestación es verbal: “Muchas veces aparece en conductas más solapadas, como el aislamiento, la impulsividad o cambios en el comportamiento”.

También enumeró síntomas físicos: “Dolores de cabeza, de panza, hacerse pis o caca nuevamente, o incluso dificultades en el habla como tartamudez”. Y explicó el trasfondo: “El sistema nervioso entra en una fase de amenaza, entonces el niño puede atacar, huir o directamente paralizarse”.

Sobre el impacto emocional, indicó: “Cada vez que un adulto le pega a un niño, ese niño siente miedo. Pero esa misma persona es la que necesita para que lo cuide y lo proteja”. En esa línea, sostuvo: “Ahí se rompe el vínculo de confianza, y eso afecta directamente su desarrollo emocional”.

Además, explicó las dificultades en la regulación: “El niño no tiene desarrollada su corteza prefrontal para controlar impulsos, necesita que el adulto se la preste. Si ese adulto no puede gestionar sus emociones, tampoco va a poder ayudarlo”.

En el abordaje terapéutico, Serra detalló: “Nosotros utilizamos herramientas como el psicodiagnóstico, que nos permite estudiar al niño no solo en lo que muestra, sino también en procesos internos”. Y agregó: “Muchas veces lo que no puede decir con palabras aparece en el juego, en los dibujos o en los relatos”.

También hizo hincapié en la responsabilidad de los adultos: “Siempre tenemos que intervenir. Si no hago nada, soy cómplice de esa situación”. En el ámbito institucional, recordó que existen protocolos: “Tanto en educación como en salud, si hay indicadores de maltrato, se debe denunciar”.

En San Juan, estos casos se derivan al Cavig (Centro de Abordaje de Violencia Intrafamiliar y de Género). “Tal vez a uno le parece algo menor, pero puede estar evitando una situación más grave. Incluso, le puede salvar la vida a un niño”, concluyó.

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