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El carpintero Fabián Ruiz define su arte con la madera como "un don de Dios"
"Es un arte, te tiene que gustar", afirma Fabián Ruiz, el carpintero que moldea la madera con la humildad como bandera.
Por Maximiliano Maldonado
Hace 3 horas
Este 19 de marzo no es un día más en el calendario, es el día en que se conmemora a los carpinteros, en honor a San José, padre adoptivo de Jesús de Nazaret, quien según la tradición bíblica y cristiana ejercía el oficio de carpintero. Es la jornada en la que las virutas y el aroma a pino adquieren un significado especial. En el corazón de San Juan, Fabián Ruiz (51) levanta su persiana agradecido por lo que define como un “don de Dios”, ese que le permitió encontrar un rumbo cuando la vida lo puso a prueba.
En diálogo con DIARIO HUARPE, el carpintero, nacido y formado en Chimbas, cuenta que su vínculo con la madera comenzó en 2008. Lo que empezó como una necesidad ante la falta de trabajo terminó convirtiéndose en su forma de vida. “Empecé de grande, trabajando con unos cuñados, y descubrí que esto me apasionaba. Hoy vivo tranquilo, trabajando honradamente”, dice.
“Al principio siempre cuesta. Es un oficio que la gente busca, pero también es muy sacrificado porque es vivir el día a día. Siempre hay algo nuevo para aprender. Es como un arte: te tiene que gustar para poder hacerlo, si no, no va la cosa”, agrega.
El valor de las raíces
Detrás de cada mueble y cada golpe de formón hay una historia familiar que lo sostiene. Fabián recuerda a sus padres, Carlos y María, como quienes le marcaron el camino. “Ellos siempre me inculcaron los valores del trabajo y la honestidad. Por eso a la juventud hoy en día les recomiendo que aprendan un oficio; es muy lindo saber algo en la vida”, reflexiona.
El arte de las manos y el riesgo del oficio
Para Fabián, la carpintería es un lenguaje artesanal. Aunque hoy la melamina domina el mercado, él elige el desafío de la madera maciza. “Van apareciendo materiales nuevos, pero lo mío es más artesanal. Me gusta hacer puertas, ventanas, camas y mesas”, explica.
El oficio, sin embargo, también deja huellas. “Es peligroso. Un descuido y es un dedo menos”, advierte. Él mismo perdió la primera falange de uno de sus dedos, un accidente que lo sumergió en un fuerte estrés y lo hizo pensar en abandonar. “Tuve ganas de dejar todo, pero acá estamos, con más fuerza que nunca y ganas de salir adelante”, asegura.
Custodias que recorren el país
Uno de los mayores orgullos de sus casi 20 años de trayectoria está ligado a su fe. Trabajó junto a sacerdotes como el padre Leopoldo, en Chimbas, y el padre "Pepe" Fuentes. De su taller salieron piezas sacras que hoy están en la Escuela Inmaculada y en el Colegio Sagrado Corazón.
Su trabajo incluso cruzó los límites de la provincia. “Hice custodias que hoy están en Tucumán y Córdoba. Son los trabajos que más me gustó hacer; me los pidieron y los hice con mucho amor”, cuenta.
Un mensaje de unidad
Entre el serrucho y el formón, sus herramientas de todos los días, Fabián insiste en la importancia de transmitir el oficio a las nuevas generaciones. “Es importante ganarse la vida honradamente y con humildad. Puede ser poco o mucho, pero la humildad no se debe perder”, sostiene.
Antes de volver al banco de trabajo, deja un mensaje final: “Les deseo a todos un feliz día. Que salgamos adelante todos”.