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Cómo detectar señales de maltrato infantil: las claves para prevenir otra tragedia como la de Ángel
Tras el crimen de Ángel López en Comodoro Rivadavia, una especialista explica cómo identificar las huellas físicas y psicológicas de la violencia.
POR REDACCIÓN
La muerte de Ángel, el niño de 4 años de Comodoro Rivadavia, volvió a sacudir al país y a abrir una herida que duele profundamente: la violencia ejercida sobre quienes deberían estar más protegidos.
El caso, que conmociona a la opinión pública, es investigado como un presunto homicidio agravado. Según los primeros resultados de la autopsia, el pequeño presentaba múltiples traumatismos craneales, con al menos 20 golpes en la cabeza, lesiones que, según la fiscalía, no serían accidentales. La madre y su pareja permanecen detenidos mientras avanza la investigación.
En este contexto, la licenciada en Psicología y especialista en infancia, Mariela Serra, advirtió sobre la necesidad urgente de que toda la sociedad aprenda a reconocer las señales de maltrato físico y psicológico en niños.
Qué se considera maltrato infantil
Serra explicó que el maltrato no se limita a los golpes.
“Es toda conducta por parte de un adulto que daña al niño, rompe su bienestar y pone en riesgo su integridad”.
Dentro de este concepto, la especialista diferenció varios tipos de violencia:
- • Maltrato físico: golpes, zamarreos, empujones, cachetadas, lesiones visibles o internas.
- • Maltrato psicológico: gritos, humillaciones, insultos, amenazas, desvalorización constante.
- • Manipulación emocional: utilizar al niño como “trofeo” en conflictos entre adultos, especialmente en separaciones.
- • Negligencia: falta de cuidados básicos, alimentación, higiene, supervisión o protección.
- • Adultización de la infancia: exponer a niños a situaciones, contenidos o responsabilidades que no corresponden a su edad.
“Dejar a un niño solo en una casa, en un auto, o exponerlo a escenas para las que no está preparado también es violencia”, subrayó.
Las señales que pueden alertar a docentes, familiares y vecinos
Uno de los puntos más importantes de la entrevista fue el foco en las huellas invisibles del maltrato.
Serra remarcó que muchas veces el dolor no deja marcas externas, pero sí señales conductuales y emocionales.
Entre los indicadores a observar mencionó:
- • aislamiento repentino
- • miedo excesivo a ciertos adultos o lugares
- • impulsividad o agresividad
- • tristeza persistente
- • cambios bruscos en la conducta
- • regresiones (volver a hacerse pis o caca)
- • dolores físicos frecuentes sin causa médica aparente
- • cefaleas o dolor abdominal recurrente
- • tartamudez o bloqueo del habla en determinados contextos
- • dificultades para dormir
- • alteraciones en la alimentación
“Siempre hay que escuchar al niño y validar lo que siente”, enfatizó.
Frases como:
- • “no quiero ir”
- • “me pega”
- • “me grita”
- • “me hace sentir mal”
nunca deben minimizarse.
Cuando el cuerpo habla lo que el niño no puede decir
La especialista explicó que el trauma activa el sistema nervioso como si el niño estuviera permanentemente en peligro.
“Frente a una amenaza, el niño puede atacar, huir o paralizarse”.
Ese estado de alerta constante afecta el desarrollo emocional, el aprendizaje y la capacidad de regular sus emociones.
En palabras de Serra, el maltrato rompe el vínculo de confianza.
“La misma persona que debería cuidarlo pasa a ser también la persona a la que le tiene miedo”.
Ese quiebre emocional puede dejar secuelas profundas.
El maltrato psicológico también deja marcas
Uno de los aspectos más fuertes que remarcó la psicóloga fue el impacto de las palabras.
Rotular a un niño con frases como:
- • “sos tonto”
- • “no servís para nada”
- • “siempre hacés todo mal”
también constituye violencia.
“Ese mensaje empieza a ingresar en la psiquis del niño y termina formando parte de su identidad”, explicó.
Luego, esa herida puede trasladarse a la escuela, al club o a sus relaciones sociales, reproduciendo la violencia.
La responsabilidad de los adultos: intervenir siempre
Frente a la duda, Serra fue contundente:
“Siempre tenemos que intervenir”.
Esto incluye a padres, docentes, profesionales de salud, vecinos y cualquier adulto que detecte una situación preocupante.
“Si no hago nada, me convierto en cómplice”.
A veces, incluso una intervención simple en la vía pública, como preguntar “¿está todo bien?” o “¿necesitás ayuda?”, puede frenar una situación violenta y dejar en claro que hay otros adultos observando.
La importancia de denunciar
La especialista recordó que tanto las instituciones educativas como el sistema de salud tienen la obligación protocolar de denunciar indicadores de violencia o maltrato.
“No se trata de tener certeza absoluta, sino de informar que existen señales que preocupan”.
La denuncia activa un abordaje interdisciplinario que puede ser determinante.
Y en este punto, la reflexión más dura atravesó la entrevista:
“Si algún adulto hubiese hablado, denunciado o hecho un mayor seguimiento, quizás le podrían haber salvado la vida”.
La historia de Ángel hoy duele como un eco insoportable. Un niño que, según se investiga, habría intentado expresar su sufrimiento, pero no fue escuchado a tiempo.