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Darío Zamora y la pasión de formar arqueros sanjuaninos en "Locos x el Arco"
En el marco del Día Internacional del Arquero, DIARIO HUARPE dialogó con el exarquero y líder de "Locos x el Arco", Darío Zamora. Un espacio de formación en Chimbas que ya proyecta jóvenes promesas al fútbol nacional.
Por Maximiliano Maldonado Hace 7 horas
Dicen que para ser arquero hay que tener una dosis necesaria de locura. Hay que estar dispuesto a volar sobre el barro, a poner la cara frente a un remate a quemarropa y, sobre todo, a habitar esa soledad de 7,32 metros mientras el resto de los jugadores corren en un ecosistema diferente. En San Juan, esa "locura" tiene nombre y apellido: Darío Zamora, el hombre que transformó su pasión en una escuela de vida llamada "Locos x el Arco".
Ubicado en el corazón del Barrio Santo Domingo, en Chimbas, el centro de entrenamiento nació por un mandato del alma. "Empecé con esta iniciativa gracias al empuje de mi familia. El tiempo pasaba y uno siempre termina desembocando en lo que más ama: el arco", contó Zamora a DIARIO HUARPE. Su proyecto no es solo una academia de fútbol; es un refugio para aquellos chicos que en sus clubes, a veces, son el "olvidado" del entrenamiento grupal.
La mística de la soledad y la "locura" del 1
Al ser consultado sobre ese mito que rodea a los porteros, Zamora es contundente: "El arquero es como dice la palabra. Siempre está solo. En una primera división, tenés un grupo de 25 o 26 jugadores, pero el grupito de arqueros son 4 o 5 y no tenés más, están aparte".
Esa diferenciación no es solo táctica, sino de personalidad. "Para ponerle la cara a un pelotazo, el arquero tiene que tener un poquito de su locura. Jugamos con camisetas diferentes, somos todos diferentes. Tener esa personalidad es ir para adelante y poder salir siempre al frente, pase lo que pase", reflexiona con la autoridad que le dan los años bajo los tres palos.
La técnica del vuelo y el peso de la responsabilidad
El ecosistema de "Locos x el Arco" es diverso. Allí, la tarde empieza con nenes de 6 años que apenas asoman sus cabezas por encima del travesaño y termina con arqueros de Primera División.
"Al chiquito se le enseña jugando. Cómo caer, cómo levantarse. Con los grandes el trato es profesional: trabajamos fuerza, posicionamiento, el juego con los pies y esa lectura aérea que te salva un partido", detalla.
Pero más allá de la volada espectacular, Darío pone el foco en lo invisible: la resiliencia. "Les enseñamos a convivir con el gol; el gol siempre va a estar, el secreto es cómo te levantás después de buscar la pelota adentro de la red. Te podés equivocar, les pasa a los mejores del mundo, lo importante es estar al 100 el resto del partido".
San Juan exporta seguridad
Esa metodología ya rinde sus frutos. El centro de entrenamiento se ha convertido en una plataforma de despegue hacia el fútbol nacional. Nombres como Pedro Varela, Valentino Preziosa, Bautista Oyola y Matías Rojas son algunos de los "graduados" de Zamora que hoy defienden arcos en otras provincias.
"Es duro por la distancia y el sacrificio de los padres, pero es cumplirles el sueño. Yo siempre les digo: lo fundamental es el estudio. El día de mañana, si somos responsables en la vida, lo demás viene solo", reflexiona el entrenador mientras mira con orgullo el progreso de sus alumnos.
El mensaje para los colegas
En este Día Internacional del Arquero, Darío se permite un momento de gratitud. "Amo siempre atajar. Este puesto me dejó amistades y la chance de conocer el país. A los chicos les digo que guarden cada recuerdo, porque eso es lo que le van a mostrar a sus hijos el día de mañana".
Para cerrar, Zamora extiende una invitación: "Los esperamos en el Barrio Santo Domingo. No importa si juegan en inferiores, en la Universidad o en el barrio. Acá van a vivir una experiencia hermosa en el puesto más lindo de todos". Porque, al final del día, ser arquero no es solo evitar un gol; es ser el último hombre, el primer líder y el guardián de los valores que se aprenden entre palo y palo.