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El edulcorante que supera 1,7 veces el dulzor del azúcar y es más peligroso
Investigaciones advierten que este endulzante promueve la grasa y enfermedades graves de forma distinta a la glucosa.
POR REDACCIÓN
La fructosa se ha consolidado como un ingrediente central en la industria debido a su bajo costo y un dulzor que supera 1,7 veces al azúcar de mesa. Aunque está presente de forma natural en frutas, miel y verduras, su uso masivo en refrescos, bollería y zumos procesados genera preocupación en entidades como la EFSA y la ADA.
Un estudio publicado en Nature Metabolism, dirigido por el doctor Richard Johnson de la Universidad de Colorado, resalta el papel de la fructosa no solo como fuente calórica, sino también como regulador de la salud y la enfermedad metabólicas.
El experto sostiene que la fructosa no es solo otra caloría y determina que actúa como una señal metabólica que promueve la producción y el almacenamiento de grasa de maneras fundamentalmente diferentes a las de la glucosa. Mientras la glucosa estimula la insulina y favorece la obesidad, la fructosa impulsa la síntesis de triglicéridos y el hígado graso.
Su metabolismo esquiva reguladores clave, reduciendo la energía celular ATP y generando disfunción metabólica. A largo plazo, esto fomenta el síndrome metabólico, con síntomas como obesidad abdominal y presión arterial alta, vinculándose además con la demencia y el cáncer. El organismo incluso puede producirla internamente a partir de la glucosa.
Al respecto, Johnson señaló que esta revisión destaca la fructosa como un factor clave en la salud metabólica. Comprender sus efectos biológicos únicos es fundamental para desarrollar estrategias más eficaces para prevenir y tratar las enfermedades metabólicas. Por su parte, Vaia Lida Chatzi subrayó que la dieta es un factor modificable que debe ser atendido con urgencia en estrategias de prevención entre los jóvenes.
Otros edulcorantes como el eritritol y la sucralosa también están bajo vigilancia por riesgos cardiovasculares y aumento del apetito. La OMS recomienda evitar estos sustitutos ya que no reducen la grasa corporal y elevan el riesgo de diabetes tipo 2. Quienes sufren intolerancia manifiestan dolor abdominal e hinchazón ante estos productos. Si bien este mecanismo ayudó a la supervivencia en épocas de escasez, hoy facilita el desarrollo de patologías crónicas.