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Rolando García Gómez y 61 años de sentir la guitarra con respeto
"Me fabricaba guitarras con cajas de membrillo", confiesa Rolando en una charla íntima con DIARIO HUARPE sobre su pasión por el instrumento de seis cuerdas.
Por Maximiliano Maldonado Hace 11 horas
Cada 10 de marzo, la Argentina se detiene a celebrar el Día Nacional del Guitarrista, una fecha instaurada en honor al nacimiento de Norberto "Pappo" Napolitano. Sin embargo, en San Juan, hablar de guitarra es hablar inevitablemente de Rolando García Gómez. El actual director del Auditorio Juan Victoria, poseedor de una trayectoria "prolija y respetuosa", recibió a DIARIO HUARPE para desandar una vida dedicada a la música, marcada por la búsqueda de la identidad y el rechazo al virtuosismo vacío.
"No soy un guitarrista que esté pendiente de la cantidad de notas que toco por minuto", dispara de entrada. "Prefiero esa sensibilidad de querer transmitir lo que uno siente y que le llegue a la otra persona. Para mí es mucho más difícil tocar lento que tocar rápido". Esa filosofía lo ha llevado a integrar un grupo selecto de intérpretes destacados en el país, habiendo recorrido cada provincia argentina y numerosos escenarios internacionales.
El niño de Concepción y su escenario sobre el horno
La pasión de Rolando no fue heredada por sangre, sino por vecindad. En su casa de Concepción no había músicos, pero la medianera de su hogar colindaba con un epicentro de cuyanías. "Los viernes se juntaban los vecinos y venía gente de Mendoza y San Luis a cantar. Yo me trepaba a una pilita de adobes, que en esa época las medianeras eran bajitas, y me quedaba ahí escuchando", recuerda con nostalgia.
Esa fascinación lo llevó a una inventiva propia de quien nace con un destino marcado. Antes de que sus padres pudieran comprarle su primer instrumento, Rolando ya "tocaba".
"En casa había un almacén y yo me fabriqué una guitarra con una tablita de las cajitas de dulce de membrillo. Le ponía cuatro clavitos y usaba las banditas elásticas del cajón de la plata para hacer las cuerdas. Mi escenario era subirme arriba del horno de la casa", relata sobre sus inicios hace ya 61 años.
La brecha generacional
Con la autoridad que le dan décadas de docencia y gestión cultural, García Gómez analiza el presente de los jóvenes músicos con una mezcla de envidia sana y preocupación. Para él, las herramientas actuales son una "posibilidad gigante", pero también una trampa para los ansiosos.
"Cuando yo tenía 10 años no había tocadiscos en mi casa. Escuchábamos lo que pasaba en las tres radios que había: Colón, Sarmiento y luego Nacional. No teníamos el acceso que hay hoy, que ponés un nombre en Google y te sale toda la discografía", explica.
Sin embargo, el maestro advierte sobre el peligro de saltarse etapas: "Hoy grabás un video con el teléfono y ya estás en el mundo. Antes tenías que juntar plata dos años para pagar un estudio por hora y salir con la grabación en la mano sin saber a dónde mandarla. A los chicos no se les tiene que nublar la vista con la inmediatez; se pierden procesos de aprendizaje. Cualquier instrumento requiere horas y horas de práctica antes de salir al mercado".
La búsqueda del sonido propio
Para Rolando, que reconoce en figuras como Eduardo Falú y Atahualpa Yupanqui a sus grandes maestros (aprendidos a fuerza de escuchar discos), el mayor desafío de un artista no es la fama, sino la autenticidad.
"Lo más difícil es lograr ese sonido que te identifique, ese sonido personal de cada uno. Y eso se logra con muchos años, buscando que lo que vos hacés sea distinto a los otros", concluye. Hoy, recompensado por el respeto de sus colegas y el cariño de los sanjuaninos, García Gómez sigue demostrando que, a veces, una nota bien puesta en el silencio vale más que mil notas a la velocidad de la luz.