Martes 17 de Marzo
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Policiales > Radiografía social

Un policía endeudado y un docente que manejaba para sobrevivir: la trama detrás del asesinato

La investigación por el asesinato de Cristian Pereyra expone un trasfondo marcado por la crisis económica: un docente que manejaba para una app de viajes para completar ingresos y un policía acusado, ahogado por deudas que superaban ampliamente su salario.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
Deudas que asfixian y salarios que no alcanzan: el trasfondo del crimen. FOTO: Gentileza

El asesinato de Cristian Eduardo Pereyra no sólo sacude por la violencia del hecho. También expone dos caras de una misma crisis: la de un docente empujado al pluriempleo para llegar a fin de mes y la de un policía joven, ahogado por deudas millonarias, hoy acusado de haber gatillado.

Pereyra tenía 39 años, era docente de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense, padre de una hija y muy querido en su comunidad de Virrey del Pino. Pero su salario no alcanzaba. Como tantos otros, encontró en las aplicaciones de viajes una salida urgente: manejar de madrugada para sumar ingresos. Esa rutina terminó de la peor manera, con cuatro disparos en el cuerpo y su vida apagándose a un costado de la Autopista Presidente Perón.

El hombre que aparece como principal sospechoso no es un ladrón común. Es Matías Alejandro Vizgarra Riveros, de 23 años, oficial de la Policía Bonaerense e integrante de la UTOI. Vivía a apenas 25 cuadras de la víctima. Según la investigación, fue el último pasajero registrado en la aplicación que usaba Pereyra para trabajar. Pidió el viaje a las 3:45 de la madrugada.

La escena posterior refuerza la hipótesis de un asalto violento. El Chevrolet Corsa II del docente apareció abandonado en Ciudad Evita, con un orificio en el baúl compatible con un disparo. En la luneta, un detalle que estremece: el clásico sticker de “bebé a bordo”.

Pero el foco de los investigadores no se limita a la mecánica del crimen. Hay un elemento que empieza a pesar en el expediente: el dinero, o más bien su ausencia.

Vizgarra acumulaba en el último mes deudas por más de 1,7 millones de pesos entre créditos del Banco Provincia, billeteras virtuales y firmas de microcréditos. A eso se sumaban otros 190 mil pesos con otra entidad. “El número supera su salario mensual por lejos”, confió una fuente clave de la causa. En términos concretos, debía más del doble de lo que ganaba.

Esa presión económica aparece ahora como una de las posibles motivaciones detrás del crimen. Un verano de “deudas calientes”, lo definieron en la investigación.

Mientras tanto, la causa avanza con peritajes clave. El fiscal Adrián Arribas ordenó el secuestro del celular del acusado, un dermotest para detectar restos de disparo en sus manos y el análisis de su arma reglamentaria, una Bersa 9 milímetros. Tenía 13 balas en el cargador: falta al menos una, y Vizgarra deberá explicar por qué.

El docente, en cambio, alcanzó a dar su versión antes de morir. Malherido, aún consciente, relató que había sido víctima de un asalto durante el viaje. Minutos después, falleció.

El caso deja una postal cruda: un trabajador de la educación obligado a manejar de madrugada para sostener su economía y un joven policía, también parte del Estado, desbordado por deudas. Dos trayectorias distintas que se cruzaron en la peor noche posible. Una terminó en muerte. La otra, en una acusación por homicidio que ahora deberá resolver la Justicia.

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