Viernes 10 de Abril
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Un vagón de subte abandonado se convirtió en casa de fin de semana

Era chatarra abandonada, vandalizada y sin vidrios. Ahora es una casa de fin de semana con pileta, parrilla y capacidad para ocho personas. 

POR REDACCIÓN

Hace 3 horas
La insólita transformación de un vagón de subte en Canning. FOTO: Gentileza

En un barrio privado de Canning, donde abundan las mansillas de estilo tradicional, hay una casa que no pasa desapercibida. No tiene paredes de ladrillo ni techos a dos aguas. Tiene ventanas bipartidas, puerta corrediza y 18 metros de largo. Es un antiguo vagón de subte.

Lo que alguna vez fue chatarra, vandalizada y abandonada en un depósito de Pilar, hoy funciona como vivienda de fin de semana para una familia del barrio porteño de Almagro. La estructura perteneció a la ex Línea B del subte porteño, fue fabricada por Mitsubishi en 1957 y llegó a Buenos Aires desde Tokio en la década de 1990.

El origen del proyecto

La historia comenzó en 2020, durante el aislamiento por la pandemia. Mientras miraba el teléfono, al propietario —inspector de Medio Ambiente de profesión— le apareció una publicidad de lotes en Canning. La inversión fue rápida: 8.500 dólares por un terreno de 10 metros de ancho por 30 de largo.

El problema llegó después. Construir una casa tradicional desde cero resultaba demasiado costoso. La solución apareció de manera inesperada: una noticia sobre una subasta de viejos vagones de subte llevó a una empresa llamada Hierro y Ruedas, que los guardaba en un predio de Pilar.

Allí había cuatro vagones disponibles. Estaban deteriorados, sin vidrios, cubiertos de grafitis y abandonados a la intemperie. Pero la estructura metálica seguía sólida.

La compra y las condiciones

El comprador pagó $700.000 por una de las unidades. No pidió descuento. Pidió otra cosa: que le entregaran el vagón con todos los vidrios intactos. La empresa aceptó y para cumplir con el pedido tuvo que sacar los vidrios de los otros tres vagones y colocarlos en el elegido.

Antes de poder trasladarlo, apareció un obstáculo. El desarrollador del barrio privado se negó a que ingresara el vagón en su estado original. Argumentó que espantaría a los potenciales compradores. La solución fue pedir permiso para restaurar y pintar el exterior en el mismo predio de Pilar. El dueño de la empresa aceptó sin objeciones, incluso abrió el lugar en días feriados para que se pudiera trabajar.

Así, el vagón recibió una primera capa de pintura gris oscuro. También se retiraron los asientos, los compresores y todo el equipamiento interior, dejando el espacio completamente vacío.

La odisea del traslado

El traslado fue una operación de alto riesgo. Un camión grúa transportó el vagón desde Pilar hasta Canning por la ruta 6, atravesando gran parte del conurbano bonaerense. El trayecto, que el camionero calculó en una hora y cuarenta minutos, se cumplió con precisión.

Una vez en el lote, dos grúas levantaron la estructura y la apoyaron sobre durmientes. La fecha de instalación fue el 5 de agosto de 2021. En ese momento, el barrio era casi un desierto: apenas dos casas en construcción y ningún habitante.

La remodelación demandó tres meses de trabajo. Se contrató a un carpintero para las divisiones internas, a un electricista para ocultar todo el cableado entre la chapa exterior y el revestimiento interior, y un amigo realizó la instalación de agua. No quedó un cable a la vista.

El vagón tiene 18 metros de largo por 2,63 de ancho. En ese espacio reducido se logró diseñar una casa funcional. La distribución es la siguiente:

  • Un pasillo de 80 centímetros recorre toda la estructura, permitiendo acceder a cada ambiente sin atravesar otros.

  • El baño, con ducha escocesa, es el primer ambiente.

  • Le siguen los dormitorios de los hijos, compactos y equipados con cuchetas.

  • Al fondo, el dormitorio principal, el más amplio.

  • El sector social ocupa casi la mitad del vagón: cocina, comedor y living integrados, con mesa para seis personas, sillón de tres cuerpos (que también es sofá cama), mesa ratona y televisión.

La cocina fue diseñada para ocultar los elementos menos estéticos: termotanque, horno eléctrico y microondas. Todo quedó integrado y prolijo.

El exterior y los agregados

Por fuera, el propietario construyó con sus propias manos una galería tipo deck, que funciona como andén, acceso y espacio de estar. Allí también se instaló una parrilla, pieza clave de cualquier casa de fin de semana argentina. A los pocos días de instalar el vagón, se sumó una pileta.

El vagón fue pintado tres veces. La segunda vez se probó con un revestimiento texturado color naranja, pero la flexibilidad de la estructura metálica resquebrajó el material. Finalmente, se optó por una membrana líquida color gris, que ofreció un resultado duradero.

Elementos originales que se conservan

El vagón mantiene varios componentes originales del subte. Las ventanas siguen siendo bipartidas y se deslizan hacia arriba o abajo. La puerta principal es la misma, con su sistema corredizo que se introduce en la pared. Incluso se conservan repuestos: varias puertas internas originales que, aunque no están habilitadas, podrían volver a funcionar.

Los vagones, según el propietario, son de una calidad notable: "Los japoneses hacen las cosas bien", dijo en referencia a la tornillería y los materiales, que siguen funcionando décadas después.

El presente: "El Andén"

La vivienda funciona como casa de fin de semana. Se usa principalmente en verano y durante los fines de semana largos. La familia la bautizó "El Andén".

Una de las ventajas de la estructura es su hermeticidad. El propietario explicó que no entra agua ni tierra, y que el mantenimiento es prácticamente nulo: se puede pasar un mes sin ir y al regresar apenas hay que barrer.

El espacio tiene capacidad para hasta ocho personas, combinando las cuchetas y el sofá cama. Sin embargo, no está pensado para alquiler turístico. El propietario fue contundente: "Te lo destruyen".

Cuando se le preguntó si repetiría la experiencia, la respuesta fue inmediata: "Si me gano el Loto, me compro un terreno en Punta del Este y llevo dos vagones".

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