No hay antecedentes en la historia de nuestro país, de un expresidente/a que luego de haber ocupado la máxima magistratura, haya aceptado ser vicepresidente, máxime por la intrascendencia de ese cargo, desde el cual quien lo ocupa es suplente en el Poder Ejecutivo, y no es legislador en el Senado, aunque lo presida, ya que no debate ni sanciona leyes.