La escalada del conflicto en Medio Oriente impulsó con fuerza el precio del petróleo y generó una fuerte diferencia entre el Brent y el WTI, que alcanzó niveles no vistos desde 2013.
El precio del crudo alcanza niveles críticos impulsado por los ataques a infraestructura energética y la paralización del estratégico Estrecho de Ormuz, clave para el suministro global