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Benjamín Vicuña: “Siento que tengo un ángel y que no me va a pasar nada”
El actor chileno reflexiona sobre la paternidad, sus miedos y el presente profesional que lo mantiene en Argentina.
POR REDACCIÓN
Benjamín Vicuña atraviesa a sus 47 años un momento de gran intensidad donde el éxito laboral convive con una profunda búsqueda personal. Mientras protagoniza Secreto en la montaña, el actor sostiene que “Es una historia de amor imposible y todo lo que hablamos durante meses lo pudimos volcar en esta puesta con sensibilidad y compromiso”.
En medio de sus logros, el chileno reconoce que “Ya trabajar es una alegría muy grande, que te reconozcan, esos mimos, son espectaculares”. Sin embargo, su prioridad absoluta hoy son sus niños, lo que lo llevó a elegir vivir en Argentina. Al respecto, el artista asegura que “Me vine de otro país para estar presente porque el tiempo, al final, es lo más importante”, enfatizando que para él “Hay que estar” y que por ese motivo “Me vine de otro país para estar presente”.
La responsabilidad de una familia numerosa es un motor constante que demanda un ritmo de trabajo sostenido. Ante quienes cuestionan su agenda, el actor responde con honestidad que “A veces amigos me preguntan por qué trabajo tanto o por qué no bajo un cambio, y yo les digo: Vení a pagar las cuentas vos, boludo”.
En su mirada, “Hay que trabajar un montón para mantener cinco hijos” y eso implica una organización con amor. En el plano de las relaciones, anhela armonía con la China Suárez y manifestó que “Espero que algún día se pueda tener un poquito de sentido común y de buena onda, básicamente por los chicos”.
El paso del tiempo es otro de los ejes que Vicuña aborda sin tabúes. Tras investigar sobre la andropausia, concluyó que “A los hombres también nos pasan cosas con la edad y se habla poco de eso”. Según su visión, “A los hombres también nos baja la testosterona, cambia la musculatura, el cuerpo” y es fundamental estar atentos a la medicina. En ese sentido, afirma que “Se están extendiendo las expectativas de vida, pero también hay que pensar en la calidad de vida” para el futuro.
Las experiencias del pasado marcaron su forma de entender los lazos afectivos. El actor recordó su rebeldía juvenil: “Nos dejamos de hablar durante cuatro años y elegí hacer mi camino como actor completamente solo”. Aquella etapa fue clave porque “Entré a una universidad estatal por mis propios medios y empecé a vivir una realidad que no veía en ese colegio chiquito de clase alta chilena y ahí entendí otro Chile”.
Hoy, con una mirada conciliadora, afirma que “No tengo enemigos”. Sobre el vínculo con su padre, admite que “Me peleé muy fuerte y estuvimos años sin hablarnos”, por lo que hoy aconseja a sus amigos: “Andá, buscá la forma, tratá de acercarte”.
Su presente también incluye el desafío de criar hijos grandes, con quienes mantiene intercambios intensos. Tras un cruce reciente con uno de ellos, confesó que “Esto es como discutir con una novia, pero aumentado por mil”, reconociendo que “Uno tiene una puerta muy grande para que esas balas te duelan”. En temas sociales, como embajador de UNICEF hace 25 años, sostiene que “Mirar y opinar son derechos” y que “Uno debe tener opinión” sobre lo que sucede en el mundo.
A pesar de las angustias, el actor camina con paz. El chileno confiesa que “Siento que tengo un ángel, que no me va a pasar nada”, una sensación de protección vinculada a sus seres queridos. La ausencia de su hija Blanca, quien cumpliría 20 años, se vive con luz en su casa. Finalmente, al proyectar su felicidad absoluta, Vicuña se imagina en un atardecer compartido: “La gran escena de mi vida es con mis hijos y que estemos todos juntos”.