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María Muñoz, la sanjuanina que encontró en su vivero su motor de vida
Empezó con su marido, enfrentó la soledad y cambió de rubro para seguir. Conocé a la mujer que hace del trabajo su motor vital.
POR REDACCIÓN
En el Día del Trabajador, las historias que verdaderamente emocionan son aquellas que huelen a tierra, a esfuerzo constante y a una voluntad inquebrantable. María Muñoz, el alma detrás del Vivero Los Tulipanes, es el vivo reflejo de esa cultura del trabajo que forjó a San Juan. Con décadas de oficio sobre sus espaldas, recibió a DIARIO HUARPE para repasar una vida dedicada a las plantas y las macetas. "Te da vida", confirmó sobre el trabajo.
La historia de María no se cuenta en números, sino en épocas. Al preguntarle por los años, responde con la picardía de quien guarda un secreto: "¿Años? No, eso no se dice, y menos preguntarle a la mujer", lanza entre risas, para luego sumergirse en el túnel del tiempo.
El origen de un emblema
Todo comenzó de la mano de su compañero de vida. "Empezó mi marido. Si, te digo, pero hace muchos años, más o menos empezaba en el 50 por ahí", recuerda María. En aquellos tiempos, el negocio funcionaba al lado de donde estaba el histórico Pablo Batista. Con esfuerzo, lograron comprar el terreno actual ubicado en inmediaciones de calle Paula de Sarmiento y Avenida Libertador, un lugar que guarda una conexión emocional profunda: "Nació mi hijo ese día, en el 72. Hoy ya tiene 54".
En aquellos años dorados, el movimiento era distinto. "En aquella época, la planta era lo que más se vendía", rememora con nostalgia. Sin embargo, el tiempo y la vida le presentaron desafíos que la obligaron a reinventarse.
La fortaleza de seguir
La vida golpeó y María se encontró frente al negocio sin su marido. Lejos de rendirse, transformó el dolor en acción y el rubro del vivero en una nueva oportunidad. "De a poco empezó a venderse poco, y de ahí cambié de rubro, que puse maceta y el mimbre. Pero ya porque me quedé sola", explica sobre la transición a lo artesanal.
Ese cambio no fue solo comercial, fue una declaración de principios: "Seguí con fuerza, no bajé los brazos, y hasta el día de hoy, vengo todos los días. Nada más que trabajo mediodía a la mañana".
El trabajo como motor
Para María, el local de Los Tulipanes es mucho más que un comercio; es su cable a tierra, su razón para levantarse cada mañana. Al ser consultada sobre qué significa para ella mantener este negocio tras tanto tiempo, su respuesta es contundente: "¿Qué significa? Eso te da vida. Con salir de tu casa y venir a trabajar es otra cosa".
Actualmente, quienes visitan el vivero se encuentran con una producción mayoritariamente artesanal. "Macetas de todas, desde la cero, hasta la cincuenta, que es la más grande. Todo, todo artesanal", comenta con orgullo. El trabajo pesado lo realiza con la ayuda de una persona, manteniendo viva la calidad que sus clientes buscan.
En un mundo que corre a velocidades frenéticas, María Muñoz elige la constancia y el contacto con lo suyo. Su secreto para mantenerse en pie en tiempos difíciles es simple pero poderoso: "Levantarse bien todos los días y salir a la calle". Una verdadera lección de vida en este 1 de mayo.