Sábado 04 de Abril
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Cornejo, el enojo Bloquista y la excusa mediática

Orrego dio el puntapié legislativo de un año que promete, por lo acontecido en los últimos días y ante el preámbulo electoral, ser caliente y con una nueva configuración de alianzas.

Enzo Cornejo fue designado, una vez más, como vicepresidente primero de la Cámara de Diputados. Es la tercera autoridad provincial, luego de Orrego y Martín.

La designación de Enzo Cornejo como vicepresidente primero de la Cámara de Diputados no fue un movimiento menor dentro del tablero político sanjuanino. Por el contrario, dejó al descubierto tensiones que, aunque venían latentes, ahora emergen con claridad. Lo que para el interbloque oficialista fue una decisión estratégica, hacia adentro del partido Bloquista se leyó como una señal de desplazamiento, o peor aún, de subestimación.

Durante los primeros dos años de gestión, el oficialismo encontró en los cuatro legisladores bloquistas un sostén clave para avanzar con votaciones sensibles en la Cámara de Diputados. Ese respaldo no fue gratuito: se construyó sobre acuerdos, equilibrios y una lógica de convivencia política que hoy parece haber entrado en crisis. El enojo del Bloquismo no es un dato menor; es una advertencia.

El conflicto tiene nombres propios. El Bloquismo reclamó la vicepresidencia primera para Federico Rizo, bajo el argumento de que se trataba de una consecuencia natural de su peso legislativo. La respuesta fue negativa. En su lugar, el oficialismo ofreció la vicepresidencia alterna, un cargo sin incidencia real, que terminó en manos del angaquero Marcelo Mallea, un diputado que ni siquiera cuenta hoy con una estructura de bloque consolidada. A esto se suma un dato político que en el Bloquismo no pasan por alto: Rizo también dejó su cargo como diputado nacional, logrado el año pasado, para que asuma un alfil de Orrego y así evitar el ingreso de un peronista en la Cámara de Diputados provincial. Ese movimiento fue interpretado como un gesto directo de Luis Rueda hacia el oficialismo, que esperaba ser recompensado justamente con ese lugar para Rizo. Sin embargo, en esta oportunidad, la apuesta fue otra: el oficialismo se inclinó por Cornejo, quien además de ser presidente del PRO en San Juan, es uno de los dirigentes que acompañan al orreguismo desde sus inicios. La decisión, lejos de cerrar la discusión, la profundizó.

A esto se le sumó un argumento que, en términos políticos, resultó casi provocador: que el pedido bloquista se había hecho en un programa de televisión —El Café de la Política, emitido por Huarpe TV— y que eso habría influido en la decisión de dejarlos fuera del tercer lugar en la línea de sucesión provincial. Más que una explicación, sonó a excusa. Y en política, las excusas suelen tener costos.

La reacción no tardó en hacerse visible. Durante la apertura de sesiones del gobernador Marcelo Orrego, el martes pasado, los principales referentes bloquistas expusieron públicamente su malestar. No hubo gestos de disimulo. La incomodidad fue evidente, y el mensaje también: algo se rompió.

Ahora bien, la pregunta de fondo es si este enojo es coyuntural o si marca el inicio de un reordenamiento más profundo. El Bloquismo ha demostrado históricamente una capacidad notable para moverse con pragmatismo, incluso saltando de un extremo al otro del espectro político cuando lo considera conveniente. En ese contexto, no resulta descabellado pensar en un acercamiento a La Libertad Avanza de José Peluc, especialmente si se proyecta el escenario hacia 2027.

El dato no es menor. Luego de haber jugado las últimas elecciones bajo el paraguas de Orrego, un eventual giro del Bloquismo hacia otro espacio no solo reconfiguraría alianzas, sino que también podría debilitar la gobernabilidad del oficialismo en el corto plazo. Porque más allá de las especulaciones electorales, lo concreto es que en la Cámara los votos cuentan, y mucho.

Si el Bloquismo decide retirar su apoyo en votaciones clave, el oficialismo podría encontrarse con un problema real. Lo que hasta ahora fue una mayoría relativamente cómoda podría transformarse en un terreno inestable, donde cada proyecto requiera negociaciones más complejas y concesiones más costosas.

En definitiva, lo que comenzó como una disputa por cargos puede terminar teniendo consecuencias mucho más profundas. El oficialismo deberá medir con precisión sus próximos pasos, porque en política, los gestos importan. Y cuando un aliado se siente desplazado, el costo no siempre se paga en el momento, pero tarde o temprano, llega.

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