Economía > ¿Medidas desesperadas?
El Banco Central superó la meta de compra en más del 40% de reservas en dólares
La entidad pública adquirió más de US$44.000 millones desde enero. A tres meses de haber iniciado el 2026, lleva 56 ruedas consecutivas que fue pactado en la “Fase 4” del programa monetario.
POR REDACCIÓN
El Banco Central de la República Argentina, conducida por Santiago Bausili, al servicio de la gestión de La Libertad Avanza y en sintonía con la política monetaria de Santiago Caputo, adquirió US$48 millones en el mercado mayorista y sumó, desde que inició el 2026, US$4.037 millones.
La meta pactada por el organismo quedó fijada en US$10.000 millones con la posibilidad de aumentar hasta los US$17.000 millones, dependiendo de la evolución de la demanda de dinero y la liquidez del mercado de cambios.
En concreto, esta semana compró US$251 millones durante los tres días. Como el lunes y el martes no hubo operaciones financieras, la compra con mayor volumen la realizó el miércoles (US$146 millones), mientras que este viernes fue la de menor.
Sin embargo, y a pesar de mantener 56 jornadas consecutivas con compras, las reservas internacionales finalizaron en US$43.712 millones (US$176 millones más que ayer) y no logran superar la barrera de los US$44.000 millones.
En este contexto, el BCRA decidió bajar 5 puntos los encajes bancarios a partir de abril, con el objetivo de que haya más dinero circulando y mayor capacidad prestable por parte de los bancos.
El Directorio del BCRA decidió no prorrogar la norma que había establecido un incremento transitorio de 5 puntos porcentuales de encajes en bonos.
Mientras tanto, desde el mismo Banco Central, se anunció que las bandas de flotación del dólar se actualizarán por inflación.
Cuestión de los encajes
Los encajes a bancos bajaron del 55% al 50% para liberar pesos para créditos. Sin embargo, con esta medida técnica, la mora récord que se tiene en las cuentas públicas, sugiere que no hay margen para endeudarse.
Aunque el objetivo sea reactivar el crédido, La decisión confirma del equipo económico reside en una enorme preocupación por la caída de la actividad -estanflación- que afecta a los principales sectores que generan empleo como la industria, el comercio y la construcción.
Esta medida consiste en liberar pesos a los bancos, con la esperanza que se destinen a nuevos créditos. Pero también abre un dilema clásico: los pesos pueden ir a préstamos o directamente a comprar dólar.
Que los encajes de los bancos bajen un 5% significa que por cada $100, los bancos ahora pueden prestar $55 en lugar de $50. En la lectura oficial, eso debería empujar una baja de tasas y darle aire al crédito al consumo y a las empresas.
El problema es que el canal de transmisión no está limpio. El sistema financiero viene mostrando señales de estrés. La morosidad ya superó el 10%, un nivel que empieza a encender alarmas. Con familias y empresas más endeudadas, los bancos no van a salir a prestar agresivamente. Y si no prestan, esos pesos pueden buscar otro destino.
Ahí aparece el riesgo que sobrevuela toda la medida: que la liquidez liberada no vaya al crédito sino al dólar. En un esquema donde el tipo de cambio sigue siendo un ancla sensible, cualquier desvío de pesos hacia cobertura cambiaria puede meter presión sobre la banda.
Sin embargo, el tipo de cambio hoy se ubica aproximadamente un 20% por debajo del techo de la banda. Eso le da margen para tolerar cierta corrección. Incluso, un dólar un poco más alto podría mejorar la posición negociadora frente a los agroexportadores, en un momento donde la liquidación sigue siendo un factor clave para sostener el programa.
Pera la medida también parece reconocer algo que el equipo económico es renuente a aceptar: la política monetaria contractiva pesa sobre la actividad. Un análisis previo de la consultora Outlier ya apuntaba a este movimiento. "Es probable que se necesiten mayores flexibilizaciones en el régimen de integración de encajes bancarios", anticipaba el trabajo. Pero el mismo informe dejaba una advertencia clave: el crédito viene desacelerando en un contexto de mayor mora, caída de salarios reales y menor dinamismo del consumo. Es decir, liberar encajes puede no ser suficiente si la demanda de crédito sigue débil. El movimiento expone la disyuntiva que atraviesa al Gobierno: seguir priorizando la desinflación a costa de resignar actividad, o empezar a darle algo de combustible a la economía aun con el riesgo de recalentar los precios. Es el viejo dilema entre ancla y motor.
La baja en encajes en el BCRA se debe por un lado a la disminución de depósitos en dólares durante marzo. Por otro lado, a que había ‘sobre encaje' luego de los pagos de Bonares y Bopreal. Es para monitorear hacia adelante la evolución de los depósitos.
En las redes, los economistas leyeron la medida en esa clave más estructural. Federico Machado de Economía Open lo explicó así: "La baja en encajes en el BCRA se debe por un lado a la disminución de depósitos en dólares durante marzo. Por otro lado, a que había ‘sobre encaje' luego de los pagos de Bonares y Bopreal". Y agregó un punto que cambia el eje: "Es para monitorear hacia adelante la evolución de los depósitos".
Es decir, más que un impulso clásico al crédito, también hay una lógica defensiva: administrar la liquidez en un sistema donde los depósitos empiezan a moverse.
En la misma línea, Amílcar Collante puso el foco en el frente externo del sistema financiero: "Los depósitos en USD comenzaron a bajar, en el corto plazo puede ser un limitante a la expansión de crédito en USD. Difícil la remonetización en USD.".
La lectura conjunta es más compleja que el titular. No es solo una medida para que los bancos presten más. También es una respuesta a un sistema que empieza a mostrar tensiones: depósitos que dejan de crecer, crédito que no despega y mora en aumento.