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Franco Colapinto hizo vibrar Argentina con el V8 de Lotus
El piloto argentino desató la euforia en un Road Show inolvidable. El sonido del motor V8 y los trompos marcaron una jornada épica.
POR REDACCIÓN
Franco Colapinto cumplió el sueño de miles de fanáticos en Palermo, Buenos Aires. A bordo del Lotus E20, brindó un show de potencia y emoción que cortó una sequía de 14 años sin la Máxima en el país. No fue con la puntualidad suiza que suele caracterizar a la Fórmula 1, pero a nadie le importó. Los 12 minutos de demora solo sirvieron para alimentar la ansiedad de una multitud que se agolpó en las vallas, balcones y plazas. Cuando finalmente el motor V8 del Lotus E20 despertó, el estruendo se apoderó de Avenida del Libertador y el tiempo pareció detenerse.
La previa tuvo todos los condimentos de una gesta nacional. Hubo un momento de profunda intimidad cuando el piloto pasó por los boxes para saludar a su familia, destacándose el encuentro con su abuela, quien por primera vez lo veía enfundado en el buzo de piloto en un evento de esta magnitud. Luego, el clima de Gran Premio terminó de sellarse con los acordes de Patricio Sardelli, de Airbag, quien ejecutó una versión eléctrica del Himno Nacional que erizó la piel de los presentes. "Te quiero, la rompiste", le soltó Franco al músico antes de calzarse el casco.
Potencia pura en el asfalto porteño
Una vez que los mecánicos ajustaron los últimos detalles, el V8 explotó. El sonido agudo y potente, propio de una era dorada del automovilismo, fue la música que los fanáticos esperaron por más de una década. En un trazado de 700 metros, Colapinto no escatimó: hubo aceleraciones a fondo, los clásicos trompos o "donas" y el chirrido de las gomas que dejó una estela de humo y perfume a caucho quemado.
Desde los balcones, figuras como Guillermo Coppola seguían la acción con ojos de asombro. La primera salida duró 14 minutos intensos, donde incluso se pudo ver fuego saliendo de los escapes, un recordatorio visual del límite técnico al que se somete a estas máquinas.
El fin de una larga sequía
Tuvieron que pasar 14 años para que un monoplaza de estas características volviera a girar en suelo argentino, desde aquella exhibición de Daniel Ricciardo en 2012. Pero esta vez fue distinto; el protagonista era uno de los nuestros, el mismo que cortó la racha de 23 años sin presencia nacional en la parrilla de la F1.
Con aviones sobrevolando la zona, un operativo de seguridad impecable y una organización que no dejó nada al azar, el Road Show fue mucho más que una exhibición: fue el reencuentro de un pueblo con su pasión por la velocidad, personificada en un joven que ya es leyenda. Al bajar del auto, el saludo de Franco a las tribunas cerró una jornada que, sin dudas, ya forma parte de las páginas doradas del deporte argentino.