Jueves 23 de Abril
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Salud y Bienestar > Crianza consciente

Límites sin culpa: claves para criar con amor y firmeza hoy

La psicóloga Guadalupe Alcaide explica cómo poner límites con amor, sin culpa, y por qué son clave en el desarrollo infantil.

Por Brenda Uñate
Hace 2 horas

La psicóloga Guadalupe Alcaide analizó en Salud & Bienestar cómo poner límites con amor sin perder firmeza.

En una época atravesada por pantallas, sobreinformación y nuevas formas de vincularse, la crianza plantea desafíos cotidianos que interpelan a madres y padres. En el programa Salud & Bienestar, emitido por HUARPE TV, la licenciada Guadalupe Alcaide, psicóloga formada en crianza y maternidad, abordó una de las inquietudes más frecuentes: cómo poner límites sin culpa.

“Muchas veces la culpa a la hora de poner límites viene de la emoción que genera el límite”, explicó la especialista. Es que cuando los adultos dicen “no”, los niños suelen reaccionar con enojo, frustración o tristeza. Esa respuesta emocional impacta en quienes crían y puede hacer tambalear decisiones que, en realidad, son necesarias.

Lejos de ser un error, esa incomodidad es parte del proceso. “Todos los límites generan frustración, incomodan”, sostuvo Alcaide, y remarcó que entender esto de antemano ayuda a sostenerlos con mayor seguridad.

Entre el autoritarismo y la permisividad

Uno de los puntos centrales que destacó la psicóloga es el cambio de paradigma en la crianza. Muchas familias buscan alejarse de modelos autoritarios, pero en ese intento pueden caer en el extremo opuesto. “Vamos del polo más autoritario al más permisivo, y el límite termina siendo difuso”, señaló.

En ese equilibrio aparece el verdadero desafío: sostener límites con firmeza sin perder el respeto ni el vínculo emocional. “Comunicar límites es un arte”, afirmó. Y ese arte implica poder decir qué está permitido y qué no, sin recurrir al grito, al miedo o a la descalificación.

Alcaide propuso una idea clave: el límite no debe confundirse con autoritarismo. “El límite con amor es ser firme y al mismo tiempo acompañar las emociones que ese límite genera”, explicó. En la práctica, esto significa validar lo que el niño siente, aunque la decisión no cambie. “Puedo decirle: ‘no vas a ver más celular’, y al mismo tiempo reconocer: ‘sé que te enoja’”.

El límite como cuidado y guía

Lejos de ser un castigo, el límite cumple una función esencial en el desarrollo. “Son un borde, una estructura, le dicen al niño qué sí, qué no”, explicó la especialista. Esa claridad no solo organiza la conducta, sino también el mundo emocional.

Cuando los límites no están o son inconsistentes, aparecen consecuencias. “Tenemos pequeños muy ansiosos, porque no saben qué se espera de ellos”, advirtió. La falta de referencias claras puede generar inseguridad y dificultad para autorregularse.

Otro error frecuente es esperar que el límite sea bien recibido. “El niño no va a decir ‘gracias por cuidar mi salud visual’”, ironizó Alcaide. Comprender que la resistencia es parte del proceso permite a los adultos no retroceder ante el primer conflicto.

También subrayó la importancia de la claridad. “Muchas veces preguntamos cosas que no son preguntas”, indicó. Frases como “¿nos vamos de la plaza?” generan confusión si en realidad no hay opción. En esos casos, lo recomendable es comunicar el límite de forma directa y ofrecer alternativas en aspectos secundarios, como la manera de irse.

El rol del adulto y el valor del ejemplo

La coherencia adulta es otro pilar. “Aprendemos más de lo que vemos que de lo que escuchamos”, afirmó. Si los adultos no respetan normas básicas o los propios límites de los niños, el mensaje pierde fuerza.

Además, Alcaide recordó que los límites evolucionan con la edad. No es lo mismo hablar con un niño pequeño que con un preadolescente. La forma cambia, pero la necesidad de contención y guía se mantiene.

En contextos familiares diversos, incluso ante ausencias, el criterio no debería modificarse. “El límite es cuidado”, insistió. Evitar ponerlos por culpa o sobreprotección puede ser contraproducente. “Cuando no le comunico límites a un niño, lo desprotejo”.

Hacia el cierre, dejó una reflexión que resume el enfoque: “El límite posibilita”. Decir que no a una actividad abre la puerta a muchas otras. Menos pantalla puede ser más juego, más vínculo, más creatividad.

En definitiva, criar con amor y firmeza no implica evitar el conflicto, sino acompañarlo. Poner límites sin culpa es, en esencia, una forma de cuidar, guiar y preparar a los hijos para desenvolverse en el mundo con mayor seguridad.

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